La infancia en la época victoriana

¿Cómo se comporta una dama victoriana?, ¿cómo eran su entorno y sociedad?, acontecimientos destacados de la época y demás datos interesantes...

La infancia en la época victoriana

Notapor Getzsemane Ament » Vie May 11, 2007 6:28 pm

Un articulillo sacado de Our ward Family:

Los niños y los juegos
Londres era una ciudad excitante para los niños. Muchos pasaban la mayor parte del día en las calles, donde siempre había alguna clase de entretenimiento o música, incluyendo organilleros, acróbatas y juglares. Hasta 1868 los niños podían incluso unirse a la muchedumbre para ver el ajusticiamiento público de los criminales de la prisión de Newgate.
Los niños ricos con más tiempo libre podían visitar el zoo, los museos, las exibiciones y las galerías de arte, y desde 1894 disfrutar una carrera en el circuito Great Wheel en Earls Court. En Navidad debían acudir al teatro a ver alguna pantomima. En casa jugaban con una gran cantidad de juguetes que incluían desde muñecas de cera hasta soldaditos y juegos de trenes; además había muchas tiendas de juguetes en Londres, incluyendo Hamley´s , Noah´s ark y Toy warehouse. En la calle Strand había un soportal especializado en juguetes llamado Lowther´s en el cual se encontraban muchas pequeñas tiendas de juguetes que vendían una gran variedad de juguetes producidos en masa, caros y baratos.
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Notapor Getzsemane Ament » Vie May 11, 2007 6:28 pm

CONDICIONES GENERALES DE LA INFANCIA EN LA ÉPOCA VICTORIANA:
Un niño que viviera en Londres al final del siglo XIX debía experimentar una infancia muy diferente a la de sus abuelos nacidos a principio de siglo.
Hacia 1899 Londres era una ciudad extremadamente poblada, y aún más gente llegaría para vivir y encontrar trabajo en la capital.
Muchos desarrollos urbanos alteraron la vida de los niños, pero la experiencia de cambio en la infancia del siglo XIX quedaba íntimamente unida a la de la familia y el entorno social. La vida de los niños ricos era muy diferente de la de los pobres. Los ricos a lo largo de la época Victoriana conocieron el sufrimiento de las clases bajas a través de la moral y la educación religiosa que recibían en las clases parroquiales del domingo. Se les instaba a ayudar a aquellos menos afortunados donando su dinero y tiempo a la caridad.
El mayor temor de las familias pobres era acabar en una Workhouse, donde cientos de sin hogar y familias sin recursos eran forzados a vivir. Si tu familia acababa en una Workhouse tenías que vestir un uniforme y cortarte el pelo al ras; solía suceder cuando el padre enfermaba y no era capaz de trabajar.
Muchos niños de la clase baja morían de enfermedades como la fiebre escarlata, polio y la tuberculosis, curables todas ellas hoy en día. Se debía a beber agua contaminada en su gran mayoría, y en las inexistentes condiciones higiénicas. En las masificadas habitaciones, si uno enfermaba los demás se contagiaban rápidamente.
Al final del Siglo XIX, no solo las familias, si no el gobierno, cambió la manera de tratar a los niños. Por aquel momento más de un tercio de la población en Inglaterra estaba por debajo de los 15 años. Cambiaron para contral el creciente número de jóvenes, y al mismo tiempo, para protegerles de la violencia y la pobreza el gobierno introdujo leyes específicas para las necesidades de los niños. Esta nueva actitud ayudó a la infancia a desarrollar una imagen de sí misma. No fueron vistos nunca más como adultos en miniatura si no como un grupo social distinto con sus propias necesidades e interses que necesitaban de unas leyes y un tratamiento especial.
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Notapor Getzsemane Ament » Vie May 11, 2007 6:29 pm

Crimen y Castigo.
Los niños a menudo experimentaba la violencia en el hogar, la escuela y el trabajo. Muchos chicos pobres y huérfanos sobrevivían uniéndose a las bandas callejeras y tomaban la senda del crimen o la prostutición. En la novela de Oliver Twist, Dickens describe como los chicos se organizan en bandas de carteristas controladas por adultos.
Al comienzo del siglo XIX los niños criminales eran castigados del mismo modo que los adultos. Enviados a prisión podían ser incluso sentenciados a muerte. En 1814 cinco chicos por debajo de los 14 años fueron ahorcados en Old Bailey, el más joven tenía 8 años.
Los Victorianos estaban muy preocupados por el crimen y sus causas. Los jueces se preguntaban cómo debían tratar a aquellos jóvenes que rompían la ley. Se dieron cuenta que enviar a esos niños con criminales adultos no era la mejor forma de que en el futuro se comportaran de manera honesta, pero por otra parte creían que merecían también un duro castigo. En 1854 los Reformatorios fueron creados para delincuentes menores de 16 años, estos eran lugares austeros, con una gran disciplina reforzada con frecuentes "castigos corporales"
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Notapor Getzsemane Ament » Vie May 11, 2007 6:30 pm

ORFANATOS
Londres tenía muchos Orfanatos, pero los "localies" que solían hacer las veces de orfanatos a menudo venían de familias nobles o adineradas. Muchos niños pobres cuyos padres había fallecido fueron forzados a vivir en las calles o en las Workhouses en condiciones extremadamente duras.
Al final del siglo XIX los orfanatos más pobres empezaron a disfrutar de una mejora en la calidad de vida. Por estas fechas muchos vivían en las casa especiales para niños que creó el Doctori Barnardo. Los niños que sufrieran maltratos en sus casas podían pedir ayuda en al a Sociedad Nacional de Prevención de la Crueldad en los Niños (N.S.P.C.C.) fundada en 1889.

LOS NIÑOS DE LA CALLE
Hordas de sucios y harapientos niños vagaban por las calles sin dinero ni un hogar al que pertenecer. Los niños de la calle eran en su mayoría huérfanos sin nadie que se ocupara de ellos. Robaban o hacían de carteristas para comprar comida y dormían en los portales o casas abandonadas.
Algunos de estos niños trabajaban para conseguir dinero, podían hacerlo como "crea-caminos", limpiando un camino entre el barro o los excrementos de los caballos para que los Caballeros y las damas pasaran sin ensuciarse. Otros vendían flores, cerillas o bollitos en las calles.
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Notapor Getzsemane Ament » Vie May 11, 2007 6:31 pm

Educación
A comienzos del Siglo XIX los niños no estaban obligados a ir al colegio, pero en 1899 todos los muchachos mayores de 12 años tenían la oportunidad de acudir a la escuela.
El caracter de la educación que recibían dependía mucho de lo ricas que fueran sus familias. Los niños ricos podían ser educados en casa por un tutor privado o una institutriz, los chicos (masculino) eran enviados a escuelas como Eton o Harrow. Los hijos de familias de clase media aprendían gramática en escuelas o academias privadas.
Cuando la Reina Victoria subió al trono en 1837, las únicas escuelas disponibles para los niños pobres eran la caridad y las escuelas de las parroquias o "Escuelas de Dama" en las que profesoras sin cualificación enseñaban en su propio hogar. Las escuelas "de trapo" fueron abiertas en 1840, en los distritos más pobres, donde los profesores eran a menudo trabajadores del barrio, y en donde se usaba cualquier tipo de edificio: establos, lofts, almacenes... Ponían mucho enfasis en la lectura, escritura y la arimética y, por supuesto, los estudios de la biblia. Esta clase de educación se extendió a asignaturas industriales y comerciales en muchas escuelas. Eran escuelas de caracter caritativo en las que la gente pudiente donaba dinero y los voluntarios hacían las veces de profesores. El presidente de la "London Ragged School Union" fundada en 1844 fue Lord Shaftesbury. Llegó a haber 200 de estas escuelas que dieron clase a más de 300.000 niños en toda Gran Bretaña.
Esta asociación también fue la responsable de muchos planes de bienestar dirigidos a mejorar la vida de los niños de las familias más pobres. Los sin hogar contaron con refugios, se crearon comedores para los hambrientos y clubs de ropa y bancos de ahorro fueron abiertos para minimizar la pobreza. La Unión tambien se esforzaba en encontrar trabajo para sus pupilos, empleos que habitualmente eran las fuerzas armadas para los muchachos y el servicio doméstico para las muchachas.
Es dificil calcular el impacto causado por el trabajo de la Unión en la vida de los chicos. Cientos de ellos siguieron con sus vidas delictivas o de largas jornadas de trabajo, pero la Unión ciertamente ayudó a reformar la vida de muchos de sus alumnos que se confirmó no solo con un aumento de la demanda de trabajo de estos muchachos si no del descenso de muchachos encarcelados.
Desde 1870 el Gobierno introdujo un sistema de educación que prohibia a las autoridades locales el cobro de impuestos a las escuelas. Eso significaba que todos los chicos entre los 5 y los 13 años podían ir a la escuela pagando 1 penique a la semana. Aún así mucha gente no estaba dispuesta a dejar a sus hijos ir a las escuelas, que a menudo tenían por profesores a otros chavales pobres de apenas 12 años. Estas clases eran largas y en ocasiones había más de 60 alumnos.
La Ley de educación de 1870 creó escuelas que estuvieran bajo el control del electorado. Propuesta por William Forster, el Ministerio de Educación encabezado por William Gladstone dispuso que todas las regiones que tras votación así lo quisieran, podrían disponer de un internado. En 1874 se habían fundado unas 5000 nuevas escuelas.
Los internados daban educación a muchachos entre los 5 y los 10 años. En algunas áreas estas escuelas fueron pioneras de nuevos métodos educacionales, como por ejemplo separar las clases por edades, un salón para actividades comunales y salas propias para actividades prácticas, los comedores gratuitos para los chicos de clase media o que educadoras visitaran a las madres en las casas para explicarlas los beneficios de la educación. Estos Internados vieron su fin con la Ley de educación de 1902.
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Notapor Getzsemane Ament » Vie May 11, 2007 6:31 pm

Los niños y el trabajo:

Los niños pobres eran obligados a trabajar desde muy pequeños. Muchos ganaban unos pocos peniques como limpia chimeneas, mensajeros, llama-carruajes,limpia carreteras, vendedores de juguetes o de flores y como porta equipajes o paquetes.
Otros niños trabajaban junto a sus padres en casa o en pequeños, oscuros y sucios talleres, cosiendo ropa, sacas o zapatos.
La revolución industrial tuvo como resultado la contratación de muchos niños en enormes fábricas. A menudo eran los operarios de las maquinarias más peligrosas. Los niños que trabajaban en fábricas sufrían una vida muy dura. Las chicas jóvenes que trabajaban en las fábricas de cerillas de Bryant y May tenían jornadas muy largas por un sueldo miserable, trabajaban con material peligroso como el fósforo, que causaba una enfermedad conocida como "phossy jaw" que pudría las mandíbulas inferiores.
Los niños comenzaban a trabajar en las fábricas entre los nueve y los doce años, en muchos casos los padres empleaban a sus propios hijos, quienes trabajarían a su lado. Hubo niños trabajando incluso 12 horas al día. El empleo de niños para determinados trabajos vino dado por la tecnología de la época. La primera hiladora de algodón era tan pequeña que las únicas personas capaces de trabajar con ella o de arreglarla eran los niños, además enseñársela a manejar resultaba muy sencillo. En la década de 1830 los niños trabajaban uniendo dos hebras rotas del mismo hilo dentro de las máquinas que las enrollaban. Este era el motivo por el que los dueños los contrataban a una edad tan temprana.
Muchos chicos servían tanbién en casas de familias ricas. En 1850 una de casa nueve chicas alrededor de los 10 años trabajaba en una casa.
En la primera mitad del siglo XIX, los propietarios de las casas limpiaban sus chimeneas contratando limpiadores que traían a niños pequeños y que los hacían trepar para limpiar el hollín.
Los huerfanos, tan pronto como cumplian 4 años eran vendidos por los orfanatos a los jefes de cuadrilla de limpia chimeneas; también era legal "capturar" niños sin hogar y obligarles a un régimen de esclavitud. Los niños eran enviados dentro de la chimenea trpando por los muros de la misma con las manos o con rascadores. Esta explotación de niños como limpia chimeneas siguió hasta 1840 cuando una Ley prohibió que menores de 21 años limpiara las chimeneas trepandolas. La ley tuvo muy poco impacto y las multas además eran ridículas. En 1864 Lord Shaftesbury introdujo una disposición que imponía £10 para cualquiera que no respetara la ley (una considerable cantidad para la época) La multa fue generalmente aprobada por la policia, las Cortes y el público. Esta Ley supuso el final de esta forma de crueldad. Pero no fue hasta 1875 que el Parlamento aprobara una Ley que regularizaba las licencias de las empresas de limpieza de chimenea, y esa licencia solo se extendía a aquellas que no usaban a niños para escalar por el interior de las chimeneas.
Hacia la década de 1850, la caridad trató de ayudar a los niños pobres sin hogar proveyéndoles de trabajo organizado. En 1866 John Groom creó la "Watercress and Flower Girls" una misión cristiana que daba hohar y trabajo a chicas jóvenes como vendedoras de flores.
Desde 1851 La "Shoe-black brigade" londinense, creada por John McGregor y Lord Shatresbury, ofrecia trabajo continuo, bien pagado a chicos para que limpiaran botas y zapatos. Los miembros de esta sociedad vestían un uniforme con una chaqueta de color que indicaba el área en el que trabajaba; los que lo hacían en la ciudad de Londres tenían la chaqueta roja. Por las tardes estos chicos recibían clases en las Ragged Schools.
Aquí hay una lista de algunas Actas que afectaron y aliviaron parte del trabajo infantil del siglo XIX:

1802 Salud y Moral de los aprendices (voluntarios, no forzados): No habrá aprendices en fábricas textiles por más de 12 horas diarias. El trabajo nocturno está prohibido.
Las regulaciones, en lineas generales, son las siguientes:
1. El jefe o jefa de la fábrica debe respetar las leyes.
2. Todas las habitaciones de las fábricas deben ser limpiadas (con lima) dos veces al año y ventiladas habitualmente.
3. Todo aprendiz será provisto con dos trajes completos de su talla, sombrero y zapatos.
4. El horario de trabajo de los aprendices no debe exceder las 12 horas diarias, no debe comenzar antes de las 6 de la mañana y no puede terminar más tarde de las 9 de la noche.
5. Serán instruidos cada día de trabajo durante los 4 primeros años de aprendizaje en lectura, escritura y arimética.
6. Aprendices, hombres y mujeres, serán dispuestos en habitaciones separadas y no dormirán más de dos en cada cama.
7. Los domingos serán instruidos en las doctrinas de la religión cristiana.

1819 Actas de fábrica limitan el horario de trabajo para niños en las manufacturas de algodón a 12 horas. Los niños menores de 9 años no pueden ser contratados, pero los magistrados no lo imponen.

En 1833 El gobierno aprobó una Acta de Fábrica que regula las condiciones de los niños que trabajan en fábricas, Niños pequeños estaban trabajando en lugares con unas condiciones terribles. Las regulaciones eran las que siguen:
1. No habrá trabajadores menores de 9 años.
2. Los empresarios deberán tener un certificado médico de los niños para que puedan trabajar.
3. Los niños entre los 9 y los 13 años no trabajarán más de 9 horas diarias.
4. Niños entre los 13 y los 18 años no trabajarán más de 12 horas al día.
5. Los niños no pueden trabajar de noche.
6. Dos horas de escolarización al día por niño.
7. Cuatro inspectores harán que se cumplan estas leyes a lo largo del país.
De todos modos, el aprobar este acta no supuso que acabara el maltrato nocturno infantil.

1842 Actas mineras: No se permite el trabajo bajo tierra de mujeres, niñas y niños menores de 10 años. Niños menores de 15 años no pueden trabajar con maquinaria.

1844 Acta de Fábrica: Niños menores de 13 años no pueden trabajar más de 6 horas y media al día. Mujeres y niños entre los 13 y los 18 años no pueden trabajar más de 12 horas al día.

1847 Acta de Fábrica: Se limita el trabajo de mujeres y niños menores de 18 años a 58 horas semanales.

1850 Acta de Fábrica: Se establece el horario diurno como único.

1860 Acta Minera: Niños menores de 12 años no pueden bajar a la mina a no ser que sepan leer y escribir.

1875 Se aprueba una Ley que obliga a todas las empresas de limpia chimeneas a adquirir licencias, que se entregarán a aquella que no usen niños.

1878 Acta de fábricas y talleres: Penada la contratación de niños menores de 10 años. Se regulan controles de seguridad, ventilación y alimentación.

1891 Acta de Fábrica: Se endurece la normativa sobre el uso de maquinaria peligrosa. Bajo la protección de las Condiciones de Empleo se añaden dosnuevos artículos; el primero es la prohibición de contratar mujeres a menos de 4 semanas del parto y la segunda es el aumento de la edad mínima de trabajo de los 10 a los 11 años.


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Getzsemane Ament
 

Notapor Getzsemane Ament » Vie May 11, 2007 6:33 pm

Es un artículo que he sacado del periódico "El mundo"
Lejos de posicionarme a favor o encontra de esta publicación y sus ideales, sólo quería haceros llegar esto.
Es para reflexionar.
Y no es muy "agradable"


La miseria infantil en la gloriosa era Victoriana
Oliver Twist no existió, pero la miseria y la explotación infantil de muchos niños europeos fue real. En la "maravillosa" época victoriana el 15% de los críos moría al nacer. Descalzos y desnutridos, trabajaban de sol a sol por un salario infame. Su drama se hizo extensivo a la Europa del XIX. Lo retrata Polanski en una nueva versión del clásico de Dickens.

Aunque jamás existió, Oliver Twist se ha convertido en el reflejo más fiel de la situación de la infancia en el siglo XIX. Huérfano, criado en un hospicio, víctima de la explotación laboral infantil y, finalmente, en manos de las redes de la delincuencia callejera, la historia narrada por Dickens, con fuertes dosis de crítica hacia sus contemporáneos, ha quedado para la Historia como uno de los relatos más descorazonadores sobre los niños, no exento de realismo.

En su infancia, el propio autor conoció de cerca las condiciones del empleo infantil, la miseria económica y la falta de educación. Una serie de asuntos que trató de manera casi biográfica en otro de sus títulos más famosos: David Copperfield. Sin embargo, este universo de escasa consideración hacia los más pequeños (extendido también a toda la clase obrera) era común en la Inglaterra que vio nacer la novela. Esta desigualdad se repetía en el resto de Europa, España incluida.

A finales de la década de 1830, en el comienzo del periodo de la reina Victoria, que daría nombre a toda una época caracterizada por innumerables obras literarias y artísticas, y con la Revolución Industrial puesta en marcha a toda máquina, el texto de Dickens irrumpe en 1838 y cae como un jarro de agua fría en las mentes biempensantes de los británicos. En sus páginas ataca la hipocresía moral y las buenas palabras de las instituciones sociales y los órganos de Justicia, cuyas medidas son un mero remiendo —cuando no un disfraz— de las duras condiciones de vida a las que están sometidas las clases más bajas, donde el hambre, la mortalidad y el trabajo causan estragos, especialmente en los niños.

Con un índice de óbitos disparado, que afectaba sobre todo a edades tempranas, contener el porcentaje de muertes en la infancia se convirtió pronto en una de las preocupaciones de la época victoriana, reflejada en otras muchas novelas aparte de la de Dickens. Comenzaron a establecerse medidas sanitarias y de higiene para acabar con una lacra que en el periodo de 1841 a 1850 terminaba con 153 de cada 1.000 nacimientos registrados en Inglaterra y Gales. En los barrios más pobres de Londres, el crecimiento de la población era negativo, y los nacidos ni siquiera servían para contrarrestar el número de bajas. La tuberculosis para los adultos, y el sarampión o la viruela en los niños, cuando no el hambre, eran las causas generales de fallecimiento en una sociedad cuya esperanza de vida en las clases populares se establecía entonces en los 40 años.

"He leído en las estadísticas que uno de cada cinco niños muere en el primer año de vida, y uno de cada tres antes de llegar a los 5", recoge Dickens un dato sacado de la realidad y puesto en boca de uno de los personajes de otro de sus relatos: The Uncommercial Traveller (el comercial que no vende nada). La misma frase pronunciada por un ciudadano belga, francés, español e incluso sueco se ajustaría de igual forma a lo que también ocurría en estos países.

Clases sociales. La estructura de la sociedad contribuía además a acrecentar estos márgenes. En el Londres que a Dickens le tocó vivir, la división por clases marcaba las condiciones de vida y determinaba la pobreza a la que estaban sometidas las capas inferiores. La antigua aristocracia dominaba el poder político, el comercio y la industria, seguida por una burguesía con cada vez mayor conciencia de clase media. Por debajo, y ajenos a cualquier posibilidad de decisión política, estaban los trabajadores, convertidos en un grupo cada vez más hostil a los primeros y cuya fuerza fue creciendo de la mano de la Revolución Industrial hasta desembocar en grandes movimientos políticos como el socialismo.

Pero incluso dentro de los obreros existían divisiones. No eran iguales aquellos trabajadores cualificados y los que ni siquiera lo estaban —donde se encontraban las mujeres y los niños—, a los que se referían sus contemporáneos como sunken people (gente hundida), los cuales vivían en la extrema pobreza y a los que se les asignaban las tareas más penosas, difíciles y peligrosas.

Para ellos la jornada laboral se extendía de forma habitual entre las 5 de la mañana y las 9 de la noche, alargándose incluso los sábados. Los domingos se dedicaban a limpiar la maquinaria, en el caso de las fábricas. No siempre estaba permitido descansar ni abandonar el puesto de trabajo a la hora del desayuno o la cena, y el empresario era el encargado de suministrarles la comida en un menú compuesto fundamentalmente de gachas, tortas mojadas en leche, y en contadas ocasiones untadas en mantequilla o melaza. Se les daba pan y queso una vez al año. No había reloj para controlar las horas trabajadas cada día, los niños iban descalzos, sin camisa ni uniforme alguno, y comían sobre sus manos sucias ya que no había platos ni cubiertos. El salario de los más pequeños, además, era bastante inferior al de los adultos, cobrando un penique a la hora, incluso medio.

Por sus orígenes humildes y sus intereses literarios, el autor de Oliver Twist siempre estuvo próximo y conoció muy de cerca a este último grupo. Nacido en 1812, a los 9 años tuvo que dejar la escuela cuando su familia se traslada a Londres, y al cumplir 12 se ve obligado a trabajar cuando su padre, un humilde funcionario, es encarcelado por no pagar sus deudas. Pasó varios meses como trabajador infantil de una fábrica de betunes hasta que su progenitor recuperó la libertad tras ser declarado insolvente. Esta terrible experiencia, unida a la explotación a la que fue sometido, marcarían su trayectoria y su personalidad en numerosas ocasiones, como se trasluce en una producción literaria cuajada de denuncia.

Sueños de grandeza. Quizás por ello, Dickens, de formación autodidacta, siempre albergó el deseo de convertirse en un gentleman (caballero), pretensión que no abandonó a lo largo de su exitosa carrera posterior como periodista y escritor. Éste fue también un objetivo perseguido por otros novelistas de la época de origen modesto (caso de Kipling) como la máxima aspiración social que podía lograr un escritor británico. La literatura española coetánea a la de Oliver Twist no cuenta con un personaje análogo. Tampoco en otros relatos europeos se encuentran situaciones paradigmáticas que centren su mirada sobre la infancia desfavorecida. Pero con todas y cada una de las dificultades que un niño debía acarrear para sobrevivir —sin dejar la miseria—, la novela refleja una situación presente en el continente durante el siglo XIX.

Dickens abre su historia con el penoso nacimiento de su protagonista, que ya refleja una de las constantes de su tiempo: el abandono de niños. La madre de Oliver no sobrevive al parto, que se produce en un hospicio, ese edificio que ya se ha hecho "común a la mayoría de las ciudades, grandes o pequeñas", realidad plasamada en el libro y corroborada por las estadísticas con las que contamos.

"Se abandonaban miles de niños por no poder hacer frente a su sustento o para ocultar el deshonor de ser ilegítimos porque eran hijos de madres solteras", explica la historiadora Lola Valverde, quien ha estudiado ampliamente este fenómeno en el ámbito español. "Es un acontecimiento propio de sociedades con dificultades, que en el pasado se daba con toda normalidad, y en el siglo XVIII aumenta tan espectacularmente que se crean las inclusas para acogerlos", añade.

Según el exhaustivo estudio sobre La Infancia en la Historia Contemporánea de España (1834-1936), dirigido por el historiador José María Borrás Llop, la cifra de niños acogidos en estos establecimientos creció espectacularmente en Europa durante la primera mitad del siglo XIX hasta disminuir de forma progresiva y casi desaparecer a principios del XX. No hay ningún país europeo que se libre de ello y la legislación tuvo que adecuarse a una realidad en la que la extrema necesidad propiciaba la picaresca: así, algunas familias abandonaban a sus hijos en orfanatos para después acogerlos y cobrar el salario que las instituciones daban para garantizar su crianza. Para evitar esta práctica fraudulenta en Francia, se decretó que los expósitos (niños abandonados) fuesen cuidados en un departamento diferente al que fueron entregados.

Más remotas eran las posibilidades de supervivencia de los recién nacidos depositados allí. En periodos normales, en los que no se propagaran las epidemias, de cada 1.000 niños ingresados fallecían entre un 70 y un 80%, sin apenas superar el primer mes de vida. Para aquéllos que conseguían esquivar a la muerte, el destino les deparaba una identidad elegida al azar —pero cargada de intencionalidad— por los responsables de los hospicios.

Un ejemplo: en nuestro país, los huérfanos recogidos en el Hospital General de Pamplona (Navarra) tenían como apellido común Goñi, en honor a su fundador, lo que les daba cierto carácter marginal, "porque el apelativo no cumplía la función de otorgarles una identidad individual y personalizada, y al mismo tiempo les marcaba para denotar claramente su origen y evitar que fueran confundidos", asegura Lola Valverde.

La precaria subsistencia de las capas populares de la sociedad europea obligaba a que, desde su más tierna infancia, los hijos colaboraran en las tareas del hogar y del campo. También en industrias más peligrosas para su salud, como la minería o la industria textil, que acaparó buena parte de la mano de obra infantil con la llegada de la Revolución Industrial, siendo también una de las que mayor siniestralidad y accidentes registraba porque a menudo los pequeños trabajaban agachados por debajo de las máquinas en marcha.

Por eso el Estado inglés tuvo que tomar medidas en 1833 creando la primera de una serie de regulaciones para el empleo infantil (Factory Act) que prohibía la inserción de menores de 9 años, restringía los horarios y obligaba a las empresas a proporcionarles asistencia escolar (todavía en manos de la iniciativa privada).

En la novela, cuando cumple 9 años, Oliver es sacado de la casa de crianza donde recibe un trato endiablado para devolverle al hospicio. Allí se le pone a la venta. El primer oficio que se le ofrece es el de deshollinador, uno de los que generaba mayor mortalidad dado que los pequeños muchas veces quedaban atrapados en las estrechas chimeneas y se ahogaban, como recuerda el autor. Su primera ocupación laboral acabará siendo, sin embargo, la de ayudante de un sepulturero.

"No debemos escandalizarnos porque los niños, abandonados o no, trabajaran", comenta al hilo de esta cuestión Borrás Llop. "Lo hicieron durante siglos y era un hecho integrado en el seno familiar y común en Europa, donde los salarios individuales no daban para sobrevivir. En nuestro país esta situación se prolongó, sobre todo en el campo, porque los salarios de subsistencia se mantuvieron hasta bien entrado el siglo XX".

Otro asunto es que esta dedicación les impidiera acudir al colegio, y aunque en la segunda mitad del XIX se decreta la escolarización obligatoria y gratuita tanto en Gran Bretaña como en España, "durante décadas el absentismo escolar fue enorme debido a la ocupación laboral generalizada de los alumnos", añade el estudioso. En 1828, dos de cada 14 británicos había acudido a la escuela al menos durante un tiempo.

Mendicidad y delincuencia. Sin formación educativa alguna, con un peso y una altura inferiores a los que corresponden a su edad (cosa harto frecuente en los niños de entonces, sobre todo en los trabajadores o malnutridos), Twist decide huir de su amo. Escapa a Londres, pero hasta llegar allí se ve obligado a caer en la mendicidad y la limosna. "En algunas aldeas había grandes cartelones, advirtiendo a todos los que mendigasen dentro del lugar que serían encarcelados", describe Dickens.

En las capitales, los mendigos eran recogidos en asilos. Según el reglamento madrileño de 1854, allí se encerraba a todos los que anduviesen pidiendo limosna por las calles, plazas, paseos o cafés, sean niños, hombres o mujeres. Para los menores era el primer paso que les conduciría de la escuela a las instituciones asistenciales, pasando por las sociedades protectoras y acabando en la reclusión en instancias penales especializadas creadas a principios del siglo XX.

Precisamente, Oliver es llevado ante un tribunal para responder ante un robo que no ha cometido. Se le imponen tres meses de trabajos forzados, de los que queda libre cuando se comprueba su inocencia. En España, los menores de 7 años no podían ser considerados como delincuentes ni culpables, según nuestro primer Código Penal redactado en 1822. Las leyes prohibían que a un niño se le castigara con pena de muerte, trabajos perpetuos, deportación, presidio, infamia o destierro. Pero al filo del nuevo siglo, la criminalidad juvenil todavía estaba instalada en el 11%. En Inglaterra, el 44% de los ladrones y el 23% de los autores de lesiones y atentados no tenían 21 años. En Italia eran juzgados anualmente 55.000 jóvenes por delitos, y en Bélgica, más de 1.000 menores de 16 años fueron condenados en 1861.

Lo triste es que hoy, más de 150 años después de su Oliver Twist, si Dickens levantara la cabeza y según a qué parte del mundo mirara, podría volver a escribirlo.



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Re: La infancia en la época victoriana

Notapor Mina Canterville » Mar Ene 25, 2011 11:11 pm

He aquí una serie de normas que he traducido de la sección de Child Etiquette en la web http://www.victoriaspast.com :

Nunca respondas a los adultos, especialmente a tu madre y a tu padre.

Nunca lloriquees o tuerzas el gesto cuando te hablen los adultos.

Nunca discutas con tus mayores, ellos saben más.

Nunca hagas algo que te han prohibido tus mayores.

Haz lo que te manden con ganas y ánimo.

Nunca contradigas a nadie bajo ninguna circunstancia. Es muy descortés.

Saluda siempre a los miembros de tu familia cuando entres en una habitación.

Despídete siempre de los miembros de tu familia cuando dejes una habitación.

Levántante siempre cuando entren invitados.

Nunca hables a un invitado hasta que él empiece la conversación.

Nunca interrumpas una conversación.

Nunca dejes que tus padres te traigan una silla y tampoco dejes que se cojan una para ellos. Espéralos en lugar de hacerlos esperarte.
(Vamos, que los críos les coloquen las sillas a los padres también, supongo)

Habla en voz tenue y neutra.

Nunca corras por las escaleras o en las habitaciones.

Cede el paso siempre a los niños más pequeños que tú. Es tu deber cuidar de ellos.

Nunca te retires sin dar las buenas noches a tu familia.

Mantente limpio y arreglado a cualquier hora.

Mantén tu pelo peinado, uñas limpias y zapatos en buen estado.

Mantén tu ropa planchada y cepillada.




Con razón había tanto niño rebelde, si consideramos lo que se tenía por "correcto" a mi también me hubiera costado mucho ceñirme a ello :lol:
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Re: La infancia en la época victoriana

Notapor Charlotte Lafayette » Mié Ene 26, 2011 8:34 am

No había visto este hilo. Muchas gracias a las dos por la información vertida.
Es sobrecogedora, :sad: :sad: Creo que de todas las cosas con las que no estoy de acuerdo de este siglo, el trato a la infancia es lo que más me enerva. Creo que una sociedad que maltrata a los niños o que no les procura lo mejor (siempre dentro de las posibilidades que cada uno tenga) deja bastante que desear. Y precisamente en este tema se ve la doble moral de la época.
Aunque, debo decir, que en este siglo que vivimos las cosas han cambiado, siguen existiendo niños en situaciones de desamparo. Pensaba hasta hace pocos días, al leer las palabras de Miss Ament, que en la actualidad ya no había pequeños deambulando solos por la vida, pero nada más lejos de la realidad. Unos amigos nuestros han adopatado a una niña etíope, y nos contaban que cuando fueron a por ella al país, pasaron por un barrio en el que los niños estaban SOLOS. Deambulaban sin nadie, sin nada, sin cuidados,... :sad: :sad: horroroso, sin palabras.

Gracias de nuevo por el hilo.
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Re: La infancia en la época victoriana

Notapor Madame Eve Fitzgerald » Mar Abr 19, 2011 1:11 am

:sad: esto es demasiado... :sad: ninguna de todas estas reglas las sigo....y eso que ya toy grande....ah!!! :sad: tengo mucho que aprender.....no duraria ni un dia sin castigo....hahahaha!!!
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Re: La infancia en la época victoriana

Notapor Mina Canterville » Mié Abr 20, 2011 12:02 am

Madame Fitzgerald, recuerde que el que sintamos curiosidad por estas normas de la época no quiere decir que compartamos la ética de todas ellas. Yo personalmente considero bastante acertado que algunas de ellas en concreto sí hayan desaparecido :smile:
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Re: La infancia en la época victoriana

Notapor Isadora Rowina Elliot » Sab Abr 30, 2011 12:24 pm

Es difícil, desde nuestra perspectiva actual de país occidental, aceptar que no hace tanto tiempo los niños vivían en las condiciones en las que lo hacían en la época victoriana. Si bien, incluso en este país, no hace falta remontarse tan atrás en el tiempo. Les pongo el ejemplo de mi madre, que nació en 1944 y que comenzó a trabajar con 14 años, no porque quisiera, sino porque tenía que hacerlo pues era parte del sustento familiar.

Es complicado en economías paupérrimas, como las de aquellas familias trabajadores de los albores de la sociedad industrial, que los niños no sean parte del sustento familiar y tengan que trabajar para sacar adelante no sólo su vida, sino de la de quienes viven con ellos.

Según avanzaba en la lectura del artículo publicado por Miss Ament, no podía dejar de pensar en Oliver Twist, por lo que cuando posteriormente sacó a colación la obra en el artículo del Mundo, le dio el toque perfecto a este tema tan delicado.

El tema del abandono infantil, bien sea voluntariamente porque los padres quieren deshacerse de una molestia, o bien por el fallecimiento de los progenitores, es algo que está al orden del día en el mundo de hoy (aunque no en nuestra parte del mundo). Al igual que comentaba Mme. Lafayette, tengo una amiga que acaba de adoptó hace unos dos años una niña china de seis años que había sido abandonada en medio de una calle cuando apenas tenía dos. Dramático es un adjetivo que se queda corto.
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Re: La infancia en la época victoriana

Notapor Mina Canterville » Lun May 09, 2011 2:03 pm

Totalmente de acuerdo con usted, Miss Elliot. De mi madre no, pero de mis abuelos he escuchado historias increíbles sobre su infancia. Es cierto que la situación de los niños ha empezado a cambiar hace menos de lo que parece, por desgracia.
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Re: La infancia en la época victoriana

Notapor Caroline Westenra » Mar May 17, 2011 4:03 am

Si, ha empezado a cambiar pero todavía es tanto lo que queda por hacer. Lo bueno de poder mirar al pasado en estos casos, es que nos permite aprender y tratar de que lo malo (en este caso el maltrato y la explotación infántil) no se repitan.

Muchas gracias Miss Ament, por este material tan interesante y conmovedor que nos ha proporcionado.
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Re: La infancia en la época victoriana

Notapor Isadora Rowina Elliot » Mar May 17, 2011 11:21 am

Al hilo de lo que decía anteriormente sobre que la situación de los niños no ha cambiado en España sino muy recientemente, o que en otros países del mundo las condiciones son similares o incluso peores de las que describe Miss Ament, les dejo una foto que aunque parece sacada de los pioneros del lejano Oeste americano, en realidad fue tomada hacia 1914 aquí en España, concretamente en un barrio de La Coruña. Podrán ver el estado en el que están los niños: casi desnudos y prácticamente todos descalzos.

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Mi bisabuela María Dominga es la mujer que está sentada que tiene un vestido blanco y sostiene a un bebé en su regazo (uno de mis tíos abuelos). En la misma fila, la última niña que está de pie, rubia, es mi abuela Mercedes, la madre de mi padre.

Espero no haberme salido del contenido del hilo, pero cuando recordé esta foto, pensé que serviría para ilustrar lo que aquí se comentaba.
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