por monsieur martell » Dom Jul 18, 2010 7:22 pm
Regencia de doña María Cristina:
Durante los años que fue regente, la Corte conoció una época muy austera. Tuvo otros ocho hijos con Fernando Muñoz, capitán de la Guardia Real, que la llamaba "ama". Le concedió el título de duque de Riansares y acabó casándose con él en secreto a los tres meses de la muerte del rey ( se lo conté a Mme. Martell y me comentó el cierto paralelismo con la reina Victoria y la noticia que encontró en la web sobre su presunta relación y maternidad).
La cocina real tuvo gran influencia italiana. Creó un control férreo sobre alimentos, reduciendo la Corte al mínimo, aunque sí era muy escrupulosa con la etiqueta..
Isabel II, una reina golosa:
Isabel II no tuvo una educación acorde a su linaje. No le enseñaron disciplina, ni pusieron freno a su naturaleza indolente. Dormía doce horas diarias, sin practicar deporte o estudios especiales, bordaba, hacía calceta o jugaba con su perro. Los únicos horarios que respetaba eran los de la comida, que eran opíparas. El chocolate era su pasión. Le entusiasmaba salir a comer al restaurante Lhardy, el único que existía en la época.
Estaba acostumbrada a estar rodeada de gente que siempre la halagaba. Era exhuberante y temperalmental, caprichosa y desordenada, pero noble, tenía carisma para hacerse querer por el pueblo, que la adoraba. También era muy devota y piadosa.
Isabel II era adicta al pan, y aumentaron los diferentes tipos especialidades de panes. Le gustaba especialmente los roscones.
Tenía una forma desmesurada de comer, se vanagloriaba de que podía tomar más de cinco platos de pollo con arroz azafranado en una comida; también le gustaba el bacalao con tomate y el cocido con mucha carne, tocino y garbanzaos. También le gustaba las albóndigas y las croquetas, los embutidos, sobre todo la mojama, y de postre, el arroz con leche. Adoraba el chocolate y regalaba bombones a sus ministros.( Al final me entran ganas de comer....)
Tenía propensión a engordar (y quién no, jejejej). Al final de su vida estaba realmente obesa. Hay una abécdota que ilustra la redondez de su cuerpo, ocurrió en un viaje que hizo a Roma. Quiso subir a la cúpula de San Pedro, la estrechez de las escaleras de los pisos superiores obligaba a los visitrantes a ir de uno en uno. Como hacía mucho calor y estaba tan gorda, la reina avanzaba muy despacio. Al alcanzar el último tramo, el duque de la Conquista, que la precedía, sintió un bochorno asfixiante. En un esfuerxo máximo por entrar, la reina quedó atascada, el duque casi desmayado clamaba:
-Señora, que me muero.
-¡Cállate, Luis!-decía su majestad, tratando inútilmente de desasirse de los muros que la oprimñian-.¿No ves que no puedo salir?
El momento se hizo dramártico y un caballero italiano, de nombre Visconti, que les acompañaba, se atrevió a decirle a la reina:
-¡Per´dón, señora! voy a tirar con todas mis fuerzas de una de sus piernas,
Al hacerlo, la reina le pisó en la mano con su enorme peso, lo que hizo que Visconti recibiera tal pisoton en el brazo, que tuvo que llevarlo en cabestrillo una semana.
Su madre le recriminaba que comía demasiado, y le indicaba que tomara verduras o alimentos más ligeros, diciéndole que las comidas que tomaba, tan castias, eran una porquería, a lo que la reina respondía despechada-¡Porquerías son esas coles podridas que coméis en vuestra tierra!- refiriéndose a Francia, donde estaba exiliada María Cristina. Para la reina Isabel era importante saber lo que comía, ver lo que está en el plato, por lo cual detestaba la cocina sofisticada. ¡Algo muy Borbón!.
Uno de los amantes de la reina fue Carlos Marfori, hijo de un cocinero italiano, que la introdujo en los placeres de la buena mesa de su país, sobre todo enlos dulces y la pasta. La reina repartía su tiempo entre sus placeres preferidos, la cocina, sus hijos y sus amantes.
Al acostarse, bien entrada la noche, se hacía servir un tazón de chocolate con bizcochos, a veces le acompañaa su mayordomo, Alcañices.
Pollo con arroz azafranado:
4 Comensales
Tiempo de preparación 40 minutos
Ingredientes: 1 pollo, 250 gramos de arroz, 300 g. de guisantes, 75 g. de manteca de cerdo, 75 g. de tocino entreverado, 1 hoja de laurel, azafrán, perejil, sal, pimienta.
Trocear el pollo quitándole las patas, el cuello y parte interior. Con los despojos, preparar un caldo que habrá de cocer una hora, en el que se pondrá una hoja de laurel; cuando esté cocido, salpimentar, colar y reservar.
Poner enuna cacerola al fuego la manteca y el tocino partido a trocitos. Cuando esté bien caliente, añadir el pollo bien trocead y limpio. Freír dándole vueltas, hasta que está bien dorado, añadir los guisantes y dejar cocer durante unos veinte minutos a fuego medio para que no se queme.
En una sartén pequeña, a fuego mínimo, poner el azafrán, tostarlo un poco, machacarlo y desatarlo con un poquito de caldo. Después, incorporar el arroz, rehogarlo y añadir un litro de caldo reservado, añadir la sal y la pimienta y agregar el azafrán anterior. Cocer el conjunto unos veinte minutos y dejar reposar, tapado con un papel blanco poroso tres minutos. Servir espolvoreado de perejil.
Chocolate a la española con picatostes al gusto de Isabel II:
1 Comensal
Tiempo de preparación: 30 minutos
Ingredientes, para el chocolate: media tableta de chocolate, medio vaso de agua, un vaso de leche, 50 gramos de azúcar, un huevo (sólo la yema), canela. Para los picatostes, 200 gramos de pan candeal del día anterior, 100 gramos de azúcar, aceite de oliva o manteca.
Ocho horas antes de tomarse, deshacer el chocolate en agua, cocerlo bastante antes de espesarlo, y dejarlo reposar en fresco. A la hora antes de tomarse, añadir la leche, agregando poco a poco el azúcar, la canela y una yema bien batida por cada porción, dándole tres hervores muy cortos para que no espese demasiado. Cuando ya está en su punto, verter sobre la chocolatera y, con unas varillas, batir la superficie para que salga espuma.
Trocear el pan en forma de troncos cuadrados de cuatro centímetros de largo aprox.,expolvorear con un poco de agua y , cuando está asentado, freir en abundante aceite a fuego medio, nunca demasiado fuerte para que no se quemen. Cuando se doren, retirar y dejarlos sobre un paño blanco, o papel de cocina para escurrir. Espolvorearlos en caliente con azúcar.
Próximamente, Alfonso XII, el exquisito......