Breve biografía de la verdadera dama de las camelias: Marie Duplessis
Se dice que Marie Duplessis se anunciaba receptiva a proposiciones románticas con una camelia blanca mientras que la roja aconsejaba paciencia. Era una mujer muy bella, por el contraste entre su piel muy pálida y su cabello negro, muy esbelta, tenía un aura etérea de fragilidad y delicadeza que transmiten sus retratos. Era conocida por su carácter lleno de gracia e ingenio y entusiasmo por la vida. Por lo que cuentan, era muy jovial: le encantaba reír. Aceptaba que iba a morir joven sin amargura, casi con resignación. Lo único que no soportaba era aburrirse, y si se aburría con un amante, se lo demostraba abiertamente. Una cosa muy llamativa de su personalidad es que de ella se decía que nadie podía ser enemigo suyo. Era muy sencilla y afectuosa, a pesar de su vida y sus derroches, y dió muchas muestras de solidaridad y una desmedida generosidad con otras muchachas que se hallaban en malas situaciones. No ocultó nunca que venía de orígenes humildes y había tenido una infancia desoladora, aunque suavizaba algunas cosas. Una vez dijo: "La mentira te mantiene los dientes blancos".
Tenía fama de ser una mujer muy elegante y refinada, que vestía de forma elegante y se rodeaba de la élite cultural parisina. Adoraba las flores, pero dado que le mareaba el aroma de las rosas, tomó por costumbre rodearse de camelias. Su residencia siempre estaba llena de estas flores, hasta el punto de que se decía de ella que "vivía prisionera en una fortaleza de camelias". A pesar de que durante un tiempo fue la cortesana más cotizada de París, venía de condiciones muy humildes. Su verdadero nombre era Rose Alphonsine Plessis. Nació el mismo año que Alexandre Dumas, concretamente el 15 de enero de 1824, en Nonant-le-Pin, Orne (en la baja Normandía). Sus padres eran: Marin Plessis, un vendedor ambulante alcoholico y violento, hijo natural de una prostituta y de un sacerdote que jamás le reconoció; y una bella dama, Marie-Anne-Michelle Deshayes, descendiente directa del poderoso linaje de los Du Mesnil d'Argentelles, una familia poderosa y aristócrata que había ido perdiendo gradualmente privilegios desde principios del siglo XVIII, hasta la revolución, en que perdieron todo lo que les quedaba, los títulos y las tierras. La abuela de Marie-Anne-Michelle era la noble dama Anne du Mesnil d'Argentelles.
Alphonsine pasó su infancia en su aldea, junto a su hermana Delphine, viviendo en la más extrema miseria, y marcadas por la violencia de su padre. En 1829 su madre se marchó a Suiza, a servir como ama de llaves para una amiga de su abuela. Pero no volvería a ver a sus hijas, ya que fallecería allí al cabo de un año de tuberculosis. Las dos hermanas vivirían un tiempo con una tía materna, que sin embargo devolvería a Alphonsine al poco a la casa paterna. Su padre la vendió como prostituta a la edad de doce años.
Una vez escapó de su terrible infancia, trabajaría en un mesón en Exmes y en una fábrica de paraguas en Gacé, y finalmente llegaría a París, a los quince años, con una compañía de circenses. Trabajó en varias tiendas, y acabó como sombrerera: trabajaba dieciséis horas diarias por un salario tan bajo que pasaba hambre y miseria y vestía harapos. Todo cambió cuando conoció en un baile a un restaurador de la Galería Montpensier del Palais Royal, que se interesó por su belleza y la tomó como amante, instalándola en un pequeño piso. Después de éste, llegó la primera gran conquista, que la catapultaría a la vida elegante de la ciudad, el conde Antoine Alfred Agénor de Guiche (más tarde sería Duque de Gramont, Príncipe de Bidache y Ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III). Marie tenía 16 años.
Fue entonces, ya afincada en un piso más lujoso, cuando cambió su nombre, más campesino, por el nombre Marie Duplessis (añadiendo el Du a su apellido para darle un toque más aristocrático). El conde le puso un tutor, que le enseñó a hablar francés correctamente (cosa importante, en aquella época muchas personas no eran aceptadas en según qué círculos si tenían acento provinciano o hablaban incorrectamente, en París eso se miraba especialmente), aprendió modales, a bailar, a comportarse en sociedad y cultura general.
Cuando los Gramont se enteraron de que el buen nombre de la familia podía ponerse en entredicho por una "querida", Agénor abandonó a Marie. No obstante, todas las cosas que la joven había aprendido, le abrirían las puertas de la sociedad. A partir de ese momento tendría una larga lista de amantes: Roger de Beauvoir, Henri de Contades, Olimpio Aguado, Pierre de Castellane, Ferdinand de Montguyon, Adrien de Plancy, Eduardo Delessert... la mayoría pertenecían al famoso y elitista Jockey Club de París, una institución aristocrática en la que los caballeros se entretenían tanto en las carreras de caballos como persiguiendo a cortesanas, y del que Marie era socia.
En 1841, Marie conoció durante una fiesta en la sala Peletier (en el viejo edificio de la ópera), al conde François-Charles-Edouard Perregaux, conde de Perregaux. En un segundo encuentro en el Café Anglais, el conde la invitó a una fiesta privada, a la que Marie aceptó asistir y poco después de convertirían en amantes. Su aventura les llevaría a pasar un verano romántico en Bougival, donde el conde compró una mansión para Marie. Sin embargo fue entonces cuando la tisis de Marie empezó a agravarse, lo que la obligó a marcharse a Baden-Baden en busca de una cura de aguas termales. A su regreso a París, el conde Perregaux, arruinado, no podía seguir manteniendo a Marie. Vendió la mansión y se marchó a Londres para arreglar sus negocios.
A principios de 1844, mientras tomaba las aguas en Bagnères-de-Luchon, conoció al anciano septuagenario embajador de Rusia en Francia, el conde Gustav Ernst von Stackelberg, que la tomó como protegida. Se dice que esto fue porque Marie le recordaba a su hija, recientemente fallecida a causa de la tuberculosis. Así se lo contó Marie a Alexandre. Sea como fuere, el conde von Stackelberg alquiló para Marie un lujoso entresuelo en el Boulevard de la Madeleine en París, y le concedía todos sus caprichos. Marie recibía en ese apartamento a toda la vida artística de París, donde se daban fiestas, cenas y tertulias a las que asistían, entre otros, Alexandre Dumas padre, Alfred de Musset, Eugène Sue y Charles Dickens. Por esta época, a Marie se la conocía en París como "La Divina Marie" y comenzaba a ser la cortesana mejor pagada, llegando a gastar la increíble cifra de 200.000 francos de oro al año. Era común verla paseando en su cupé azul tirado por caballos purasangre por el Bois de Bologne, asistía regularmente a todas las óperas y representaciones y comía en la conocida Maison Dorée.
Marie conocería a Alexandre en septiembre de 1844, en el Théâtre des Variétes en París. Fue una relación importante para Marie, que al parecer nunca cobró nada de dinero a Dumas hijo. Marie declaraba que le amaba sinceramente. Pero la relación, como ya sabemos, no funcionaría. Fue un romance con muchos altibajos, motivados porque Marie no podía renunciar a sus ingresos y Alexandre sólo la quería para él. Por último Alexandre puso punto final a su historia en agosto de 1845.
Tras esa historia que ya conocemos, Marie tendría un último gran amorío con el músico Franz Liszt. La relación con el compositor se iniciaría justo después de la que Marie tuvo con Alexandre. De hecho conocería a Franz Liszt a finales de 1845 y sería, al parecer, su última conquista. Sería una relación breve, apasionada y tormentosa. Liszt, turbado por su gran éxito, decidió marcharse de París y dejó a Marie con la promesa de que viajarían juntos a Constantinopla (proyecto que se frustraría, Marie fallecería antes).
Finalmente, ya moribunda, abandonada por Dumas y por Liszt, seguramente sus únicos verdaderos amores, terminó por casarse el 21 de febrero de 1846, en Londres, con su antiguo protector, el conde Perregaux. El matrimonio sólo tenía validez en Inglaterra, la familia de Perregaux no la aceptaría jamás, y de hecho el matrimonio debió de ser más de conveniencia que otra cosa, ya que jamás convivirían. No obstante, cuando Marie regresó a París, hizo componer su propio escudo de armas, con el que grabó su vajilla, su papel de cartas y las puertas de sus coches de caballos. A partir de entonces sería conocida como Madame la comtesse du Plessis, Madame la comtesse de Perregaux, o siguiendo la moda francesa de emplear el nombre del esposo, Madame la comtesse Edouard de Perregaux.
Marie Duplessis con 23 años, fallecería el 3 de febrero de 1847, a las 23 horas, en su piso en el Boulevard de la Madelaine, número 11 (en la actualidad el número 15). Falleció mientras los festejantes del carnaval, cantando y riendo, salían a la calle junto a su casa del Boulevard de la Madeleine.
No estuvo tan sola como Dumas describió, pero ciertamente casi todos sus amigos de antaño se olvidaron de ella cuando empeoró su enfermedad. A su lado estuvieron hasta el final su esposo (que viajó desde Londres en cuanto entró en fase crítica y no se separó de la cabecera de su cama) y su fiel sirvienta que la quería mucho. Liszt envió para ella a su médico personal, uno de los más eminentes de la ciudad, que sin embargo no pudo curarla y posiblemente aceleró su fallecimiento al darle una dosis experimental de arsénico. El funeral de Marie tuvo lugar dos días después, en la Église de la Madeleine, siendo enterrada en un nicho temporal en el Cementerio de Montmartre y trasladada poco después a la tumba donde hoy descansa. Una tumba blanca que tiene la siguiente inscripción:
Ici Repose
ALPHONSINE PLESSIS
Née Le 15 Janvier 1824
Decedée le 5 Fevrier 1847
De ProfundisTras la muerte de Marie, Alexandre Dumas hijo le dedicó estos versos:
Pauvre fille ! on m’a dit qu’à votre heure dernière,
Un seul homme était là pour vous fermer les yeux,
Et que, sur le chemin qui mène au cimetière,
Vos amis d’autrefois étaient réduits à deux!
¡Pobre niña! Me dijeron que en vuestra última hora,
Un solo hombre estaba allí para cerraros los ojos,
Y que en el camino que lleva al cementerio,
Vuestros amigos de otrora ¡se habían reducido a dos!Y era verdad. Sólo dos personas acompañaron el cortejo fúnebre de la joven: su marido, el conde Perregaux; y su protector, el anciano conde ruso Gustav von Stackelberg.
Tras su fallecimiento tuvo lugar la subasta de sus pertenencias. Aún pagando a los acreedores, hubieron ganancias de 150.000 francos. La parte que sobró, le fue entregada a la hermana de Marie y a la hija de ésta, con la condición de que su sobrina no pisara París, para que no sucumbiera a las tentaciones de convertirse en cortesana como su tía.